Entrevista a Philippe Rahm. Cyan Mag

Posted on 14/05/2011

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Envuelto en vapores y calores, como una tórrida tarde valenciana, hablamos con Philippe Rahm: arquitecto, suizo y asentado en París. Se inició junto a Jean-Gilles Décosterd (Décosterd&Rahm) en 1995, y desde 2004 tiene su propio estudio. Lleva una larga carrera de investigación arquitectónica sobre la relación entre lo climático y lo fisiológico. Hoy, nos sentimos afortunados al escucharle hablar sobre los aspectos no visibles que caracterizan y determinan a la arquitectura.

Radiación, conducción, convección, presión, evaporación, digestión. Estos son los términos con los que defines y clasificas tu arquitectura. ¿Por qué tanta fascinación por estos procesos?

Creo que estos fenómenos meteorológicos son, como la convección o la conducción, las nuevas herramientas de composición arquitectónica. El vapor, el calor o la luz son los nuevos ladrillos de la construcción contemporánea. Las particularidades históricas de la arquitectura tienen que ver con lo invisible. Puede que ya haya quedado claro, pero es importante recalcar que la verdadera esencia de la arquitectura no son las paredes, lo sólido, sino lo que hay entre ellas, la visión, el espacio, la masa de aire y luz a la que la arquitectura cualifica con una escala, temperatura, luminosidad e higrometría para que nosotros la habitemos.

Eso es lo que esencialmente diferencia a la arquitectura de la escultura, que produce objetos duros, cóncavos y cerrados, que se posicionan impenetrables ante nosotros, siendo lo táctil y visual lo predominante. Sin embargo, nosotros estamos inmersos en el espacio y no sólo lo vivimos visualmente, sino que lo sentimos mediante otros medios de percepción menos conocidos pero igualmente importantes, estudiados por la endocrinología y neurología.

Hoy el clima se ha convertido en la principal ambición de los arquitectos. La disciplina cambia para integrar la nueva meta de preservar el clima. Pero a la vez que el equilibrio climático y su protección se convierten en el objetivo de la nueva arquitectura, también es posible que se conviertan en los recursos y herramientas de la misma. Como consecuencia de esto, el vocabulario empleado para describir los fenómenos atmosféricos  se convierte en lenguaje arquitectónico. Consideramos lo climático no sólo como objetivo, también como proceso.

La arquitectura se abre así a otras dimensiones y definiciones espaciales. A gran escala, explora las cualidades atmosféricas del espacio como fenómenos fisicoquímicos tratados con las nuevas técnicas climáticas de construcción, como la ventilación, la calefacción, el aire acondicionado, el aislamiento térmico o la radiación. A escala microscópica, explora nuevos campos de recepción (cutáneos, olfativos, hormonales, digestivos, respirables) como percepciones químicas y biológicas tratadas por las cualidades invisibles del ambiente, como el aire, los iones, las ondas electromagnéticas, la luz o la radiación.

Tus proyectos habitualmente se explican mediante un único dibujo; aquel que representa las condiciones ambientales que los definen. Creemos que estas son tan importantes en tu arquitectura que cualquier fotografía o imagen renderizada adicional que muestre sus condiciones materiales es innecesaria. ¿Por qué las producís?

Ya no creo en las imágenes producidas a partir de un modelo tridimensional. Los arquitectos de la última década se perdieron produciendo perspectivas seductoras, con pájaros volando, volúmenes en voladizo y mujeres atractivas inmersas en una atmósfera de brillo difuso. Han perdido la especificidad que el lenguaje arquitectónico tiene por sí mismo.

Si recuerdas, Leon Batista Alberti estableció una distinción entre la arquitectura y la pintura; reclamaba el dibujo en plano para el arquitecto y restringía el uso de la perspectiva sólo a los pintores. El pintor Raffael explica en su carta al Papa Leo X, a principios del S.XVI, las diferencias que hay en la naturaleza de las técnicas de representación de los arquitectos comparadas con las de los pintores. Hablaban del plano como manera esencial de representación del arquitecto y de la perspectiva como la indispensable para el pintor. Parece importante que volvamos a esta distinción fundamental que sitúa el plano como el punto de inicio de nuestro trabajo, precediendo a cualquier otro tipo de representación: esta es una exploración sobre el origen de la forma arquitectónica y la organización espacial, originada en el corazón de sus principios más fundamentales.

Pero mis elementos de composición ya no son tradicionales. El cambio de lo visible por lo invisible, de lo sólido por lo climático. Mis planos se vuelven meteorológicos. Trato de representar en ellos los parámetros no visibles, como la humedad o la temperatura, o incluso la cantidad de proteínas quemadas por el cuerpo. En mis dibujos enfatizo en el vacío y disminuyo la presencia de lo sólido. Trato de cualificar al vacío en sí mismo; revelar sus cualidades químicas, electromagnéticas y climáticas. Utilizo el mismo vocabulario que encontramos en los partes meteorológicos, generando gradientes y diferentes intensidades para traer al frente las cualidades térmicas, higrométricas y luminosas del espacio.

¿Nos vemos influenciados ahora por esta cultura de lo visual?

Yo diría que estamos influenciados por aquello que tiene que ver con fenómenos no visuales. El sentido de espacio está hoy día más relacionado con esto. Si lo piensas, la modernidad redujo gradualmente el espesor de los materiales. Pesadas paredes de piedra se han remplazado por delgadas cortinas de cristal; el olor de la leña quemada en la chimenea ha desaparecido para dar lugar al silencio y la invisibilidad del calor de los radiadores. La homogeneidad y constancia de la luz eléctrica sustituyen hoy la intensidad imprecisa de la iluminación natural o de las lámparas de aceite.

Descubrimientos recientes en la tecnología de la comunicación ponen de manifiesto la generación de climas invisibles mediante el aumento de las ondas electromagnéticas producidas por los dispositivos tecnológicos que utilizamos hoy día. Y esto lo percibimos a través del cuerpo, por ejemplo, mediante receptores neurológicos como el TRPV1 o el TRPM8, canales iónicos o medios hormonales como la melatonina.

¿Cuál es la relación entre el tipo de espacios que propones y su materialidad?

En lugar del color, o motivos análogos relativos a la elección de un material, estoy muy interesado en las posibilidades plásticas y arquitectónicas de las propiedades fisicoquímicas del material. Su porcentaje de albedo o su termoconductividad, son algunos de los nuevos criterios para escoger un material respecto a otros. En muchos proyectos he trabajado con el coeficiente de transferencia de calor (U), dependiendo del material y su espesor. Nuestros proyectos funcionan como cebollas con capas térmicas, de acuerdo a las temperaturas necesarias según qué actividad. Esto hace visibles distintas capas de aislamiento a través de las cuales, el calor entra físicamente, se filtra gradualmente y luego se expande en las estancias estableciendo distintas temperaturas. Lo que buscamos aquí es la emergencia de una nueva espacialidad más sensorial; casi como una piel entre el cuerpo y el espacio a través de las nuevas necesidades de reducción energética.

Muchos de tus proyectos, al establecerse en espacios cerrados, como salas de exposición, no se relacionan directamente con el exterior, entendiendo este como el que va más allá de sus muros. ¿Por qué los arquitectos que experimentáis con nuevas formas de producir arquitectura, os aproximáis a la realidad en algunos aspectos y os distanciáis en otros?

Para un arquitecto es importante producir arquitectura dando respuestas pragmáticas a un contexto, un lugar. Pero también es importante hacer ‘la arquitectura del proyecto’ o ‘el proyecto del proyecto de arquitectura’. Quiero decir que también tenemos que reinventar nuestras herramientas en ocasiones. Si quieres dar una respuesta rápida a un concurso que ya tiene prefijados un lugar y un programa, probablemente uses un lenguaje inventado por las generaciones de arquitectos que te preceden. Es más fácil y simple así.

No quiero usar un vocabulario que ya existe. Trato de restablecer el lenguaje de la arquitectura con el conocimiento de este cambio hacia lo invisible y para acercar la arquitectura de lo infinitamente pequeño y de lo infinitamente grande, de lo fisiológico y lo meteorológico. Quiero restituir la esencia de los elementos de la arquitectura a partir de la desintegración de lo visible. El aire y sus movimientos, los fenómenos de conducción, transpiración y convección como transitorios y las condiciones meteorológicas fluctuantes podrían convertirse en nuevos paradigmas de la arquitectura contemporánea.

Por eso, cuando quieres llevar a cabo una tarea así de ambiciosa, necesitas focalizar parcialmente un único aspecto del campo arquitectónico para explorarlo en profundidad. El clima interior de la arquitectura ha sido uno de mis campos de investigación en estos últimos años, pero en la actualidad estoy añadiendo más puntos de vista sobre lo urbano y lo geográfico a mi agenda.

10/mayo/2011   Adrián Peñalver

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